Meditación “La Paz Mundial”

Existe una única fuerza en el universo: la fuerza de Dios, que Él lanzó al espacio en forma de Verbo, que no es una simple palabra o sonido, sino un Fiat Creador.

Ese Fiat Creador transformó los millones y millones de átomos en estado caótico, en figuras y formas que van, desde la estrella de mar hasta la estrella de los cielos, desde el microbio hasta el hombre; de hecho, en todas las cosas y seres que constituyen y pueblan el universo. Las sílabas o tonos de este verbo creador van siendo emitidos, uno tras otro, a lo largo de las eras, dando lugar a nuevas especies y haciendo evolucionar las anteriores.

Y todo ello, siguiendo fielmente el pensamiento y el plan concebidos por la Mente Divina, antes de que esa efusión dinámica de energía creadora fuese dirigida a los abismos espaciales.

Dios es la única fuente de poder y en Él, real, verdadera y literalmente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

No fue, pues, un mero sentimiento poético el que hizo exclamar al salmista:

Dónde me esconderé de Tu espíritu?
Adónde huiré de Tu presencia?
Si asciendo a lo alto de los cielos, allí estás Tú.
Si preparo mi lecho en la tumba, allí Te encuentras.
Si, en alas de al aurora, voy a habitar
en lo más alejado del mar,
también allí me conducirá Tu mano
y Tu diestra me sostendrá.

Todos conocemos el poder del pensamiento dirigido a un propósito determinado. Unamos, pues, nuestros pensamientos a los de todos los amantes de la paz, mientras formulamos la siguiente plegaria:

“Padre Celestial: de acuerdo con Tu voluntad, que el Principio Amor-Sabiduría del Poder Divino erradique la discordia y establezca la armonía y la paz universales en los corazones y en los asuntos de los hombres”.

* * *

En el caso de que esta meditación se haga en grupo, y si así se prefiere, puede romperse el silencio con la Oración de la Fraternidad Rosacruz.

Plegaria para el Estudiante Rosacruz

El estudiante Rosacruz debe cultivar la devoción por la plegaria. He aquí una de las mejores plegarias que el estudiante debería repetir frecuentemente:

“Acrecienta mi amor por Ti, ­ oh Dios!, 
para que Te pueda servir mejor cada d¡a. 
Haz que las palabras de mis labios 
y las meditaciones de mi corazón sean gratas a Tus ojos, 
oh Señor, mi fuerza y mi Redentor!”

Orad incesantemente, según aconseja San Pablo.

Si esta plegaria se repite con regularidad, desarrollar el conocimiento interior de modo cient¡fico y espiritual.