EL ORIGEN DE LA NAVIDAD

The Rosicrucian Fellowship

Dijo Dios: “Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años …..”

La Navidad (Christmas o Christ Mass), Misa del Cristo, o Fiesta del Cristo, es una de las cuatro mayores estaciones espirituales  del año.

Es una época propiciada para el nacimiento del místico Sol de Medianoche o del Niño Cristo dentro de nosotros, que tiene lugar en el centro de la tierra o del corazón del individuo, respectivamente.

Es un hecho aceptado de que el Sol en su relación con la Tierra es el que produce las cuatro estaciones terrenales de: primavera, verano, otoño e invierno, que a su vez son responsables de la Semana Santa, Festival de San Juan, Festival de la concepción y la Navidad respectivamente.

Estas cuatro últimas son la contraparte espiritual de las cuatro estaciones físicas anteriores, operando por medio de ellas.

Sin embargo, siendo el Sol el luminar principal colocado en los cielos, recibe la ayuda de la Luna, el luminar menor, la cual refleja el gran poder de eléctrica luz a través de su propia y magnética influencia.

Estos luminares en el firmamento son parte del mismo, en sus respectivos movimientos, día y noche, señales y estaciones, día y años, de estricto acuerdo con el primer libro de Moisés: el Génesis. Por lo tanto, a fin de establecer el origen de la Navidad, encontramos que debe estar íntimamente conectada principalmente con el Sol, el productor de todas las estaciones, siendo la de Navidad, de nuestra presente consideración.

Es por medio de la natural deducción o de la lógica el que adquirimos el conocimiento de lo desconocido, por lo que ya conocemos, y por lo tanto hacemos uso del aforismo hermético que dice: “Como arriba, así es abajo”

Esta importante verdad es también expresada por el axioma arcano: “Ex uno disce omnes”, por uno conocemos a todos. Es más, esto no es otra cosa que el primero de los siete principios cósmicos enseñados por los Rosacruces, a saber, el principio de la correspondencia. Esto se manifiesta en una cierta correspondencia analógica o concordante por medio de las manifestaciones en varios planos de la actividad. Así que del conocimiento del presente, yendo más adelante podemos razonar el futuro, o mirando hacia atrás, podemos comprender el pasado.

Ahora apliquemos este último procedimiento a fin de fijar el origen o de dónde viene la estación de la Navidad, el Festival del Cristo. Un moderno concepto del Cristo puede ser resumido en Poder Universal que emerge en actividad bajo ciertas condiciones establecidas resultantes de calificaciones especiales. Esto difiere de la pasada idea generalmente aceptada del Cristo como hijo de Dios, encarnando todas las altas virtudes de la concepción humana, dependiente del estado y evolución de la mente en su más elevada expresión, un Cristo personal o Cristo en términos de una persona.

Este concepto mental de Cristo, lo encontramos para los niños en la representación de Santa Claus, el que da y trae los buenos regalos en la época de Navidad. Es el surgir dentro de la manifestación, del poder oculto, lo que nos capacita para formular, concebir y poner de manifiesto, nuestra más alta comprensión de lo que es Cristo, para y por nosotros, resultando en NUESTRO NACIMIENTO DE CRISTO.

¿De dónde viene esta fuerza que produce nuestra particular estación de Navidad? Ya hemos dicho que el Sol es grandemente responsable de las estaciones, ya sean estas espirituales o materiales, en sus reacciones especiales sobre el individuo. Pero mientras el Sol es el principal promotor en estas estaciones, existen otros agentes que acentúan algunas de sus cualidades especiales. En esta especial estación de la Navidad, el Sol está pasando a través del signo Sagitario, cuya agencia inunda la atmósfera con su poder. La mente es naturalmente elevada para expresar sus más altos ideales y conceptos en la gloria por la veneración de la Deidad. La visión de un grandioso y expansivo Dios, está siempre presente con un ferviente deseo para llegar tan lejos como sea posible a ese ideal. La expansiva mente se desarrolla a medida que visualiza nuevas vistas de mayores glorias y gracia en un magnífico realismo del Espíritu de la Navidad. Estas son las ofrendas de un benévolo Júpiter a medida que el ALMA DEL HOMBRE se eleva y separa de las ataduras terrestres. Aquí yace la cuna desde la cual el Niño Cristo se levanta mientras el símbolo de Júpiter y la Luna Creciente sobre la Cruz proclama esta verdad, el niño Creciente, el espíritu elevándose en la Cruz de la Materia, o sea su cuerpo terrenal. Aquí yace el místico mensaje de la Navidad a través del Crecimiento y de la Cruz de Júpiter y el arco y la flecha del Centauro, sin el cual no habría Navidad tal cual la conocemos hoy en día, no habría visión de mayor y más gloriosa Deidad ni evolución o avance espiritual.

Volviendo hacia atrás en las páginas de la historia de extintas naciones, encontramos también que en esta época de celebraciones de Navidad, tuvieron lugar festivales espirituales o religiosos. En esto es muy de notar que todos estos rituales han sido íntimamente conectados con la veneración del Sol, directa o indirectamente, y el cual siempre fue reconocido como el Dador y sostenedor de la Vida.

De este modo el origen de la Navidad debemos encontrarlo en el estudio de los Cielos al igual que la evolución del hombre. Principalmente se debe a esto que aquellos relacionados con el desarrollo espiritual del hombre, buscaron ayuda por medio del contacto con los cuerpos celestiales, por el estudio de la Astrología. Por medio de la observación, experiencia y estudio, les fue posible formular reglas y patrones de vida que condujeron al hombre de una existencia animal a una vida humana y continuará guiándolo hacia un orden angelical.

Habiendo encontrado el origen de la Navidad en el estudio de los Cielos, esto también nos trae el conocimiento de un lado de esta Estación que es raramente tenido en cuenta. El principio del Festival de la Navidad es ensalzado con la alegría anticipada en el hecho de que el espíritu se reconocerá a sí mismo, y por lo tanto constituye un nacimiento espiritual, descartando su envoltura de carne. Así tenemos la alegría del Período de Júpiter, pero en el Día de la Navidad, en el medio de la estación de Navidad, tiene lugar un cambio. El tiempo de la alegría se convierte en un período de tristeza a medida que el recién nacido espíritu se encuentra a sí mismo obstruido por la manifestación en un extraño mundo el cual debe él vencer por un necesario sacrificio, o sea que el niño de alegría se convierte en el hombre de tristeza.

De nuevo los ciclos verifican la verdad de estas cosas, porque en el día 25 de Diciembre, el Día de la Navidad, el Sol ha entrado en el signo de Capricornio, el signo de la cabra, regido por Saturno, cuyo símbolo es la Cruz de la materia sobre la Luna Creciente del Alma. El ambiente de la cabra es la montaña, tosca y rudamente mañosa y con escaso alimento, cuyas condiciones pueden ser comparadas al espíritu en su nueva morada del mundo material. El símbolo de Saturno denota la fuerza aplastante de la materia sobre el alma aspirante.

Es quizás más bien difícil el apartarse de la idea de un Cristo personal y reconocer a Cristo como a un magnífico y radiante poder de energía encarnado en Rayos de Luz emanados del Sol, no del Sol físico, sino del Invisible Sol Central, trabajando a través del Sol físico.

La energía de Cristo, tiene por vehículo de manifestación, los dos éteres superiores el de luz y el reflector, pero en especial el primero que es atraído y producido en su individual plenitud por el poder del corazón y la fuerza del cuerpo pituitario en su reino etérico. Es la parte etérica de estos órganos físicos, la que especializa el grado particular del Éter de Cristo que produce el vehículo por medio del cual se expresa la energía de Cristo. Por lo tanto la energía Crística o el Cristo Niño no puede nacer hasta que el cuerpo de Cristo esté completo en relación con las funciones, al igual que está completo como unidad separada. El principio Crístico, sin embargo, puede funcionar a través del cuerpo físico denso, aun cuando los poderes de deseo y mental no tengan ningún cuerpo organizado por medio del cual funcionar. Sólo aquellos que han sido capaces de construir el vehículo de Cristo, pueden visualizar el místico Sol de medianoche, el Rayo de Cristo, en todo su esplendor y gloriosa magnificencia.