Conferencia del domingo 25 de mayo de 2007

 

“REFLEXIONES DEVOCIONALES SOBRE EL PADRE NUESTRO”

 

                        El Padre Nuestro es el más importante de todos los documentos cristianos.  Es el denominador común de todas las iglesias cristianas.  Cada una sin excepción usa el Padre Nuestro, siendo tal vez el único campo en que todas coinciden.  A cada niño cristiano se el enseña el Padre Nuestro, y cada cristiano que ora lo dice casi todos los días.  Es probable que su uso exceda al de casi todas las oraciones juntas.  El que trata de seguir el Camino trazado por Jesús debe sin duda usa el Padre Nuestro todos los días, y usarla inteligentemente.

                        Para llevar a cabo esto, hemos de entender que el Padre Nuestro es una totalidad orgánica cuidadosamente organizada.  Muchas personas lo dicen rápidamente como loros, olvidando la advertencia de Jesús de que no incurriésemos en repeticiones vanas; y, por supuesto, así no es posible sacar ningún provecho de ella.

                        El Padre Nuestro es una fórmula compacta para el desarrollo del alma.  Está diseñado con el mayor cuidado para ese propósito en particular, de manera que aquellos que lo usen regularmente con entendimiento, experimentarán un verdadero cambio en el alma.

                        Lo primero que notamos es que el Padre Nuestro está naturalmente dividido en siete cláusulas.  Esto es característico de la tradición oriental, ya que el siete simboliza la integridad individual, la perfección del alma individual como el doce denota la integridad colectiva.  Las siete cláusulas han sido ordenadas con sumo cuidado, en perfecto orden y secuencia conteniendo todo lo que se requiere para la alimentación del alma.  Cuanto más se analiza el Padre Nuestro, tanto más maravillosa resulta su construcción.

Es simple declaración (el de Padre Nuestro) fija claramente la naturaleza y carácter de Dios. Dice todo lo que hombre necesita saber acerca de Dios, y acerca de sí mismo, y acerca de su prójimo.  Oliver Wendell Holmes dijo: “Mi religión está resumida en las primeras dos palabras del Padre Nuestro…”

En esta primera cláusula Jesús establece de una vez por todas que la relación entre Dios y el hombre es una de padre e hijo.   Esto deja por fuera cualquier posibilidad de que la Deidad pueda ser el tirano implacable y cruel.   La vasta mayoría de los hombres y mujeres están en su mejor momento cuando se ocupan de sus hijos.  Hablando de la misma verdad, en otra parte Jesús dijo: “…Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará buenas cosas a los que le pidan?

Notemos que esta cláusula que fija la naturaleza de Dios, fija al mismo tiempo la naturaleza del hombre.  Es una Ley Cósmica que “cada cual engendra su igual”.  No es posible que un arbusto de rosas produzca lirios.  La prole es, y tiene que ser, de la misma naturaleza que el padre; y así ya que Dios es Espíritu Divino, el hombre, esencialmente, tiene que ser Espíritu Divino también, a pesar de lo que al contrario puedan decir las apariencias.

Esta enseñanza de Jesús con un solo golpe ha barrido con el 99% de toda teología de un Dios vengador, individuos escogidos y favorecidos, su fuego eterno del infierno y toda otra parafernalia abominable de la imaginación enferma y terrorífica del hombre. Dios existe, y el Dios Eterno, Todopoderoso y Omnipresente es el Padre amoroso de la humanidad.

Si meditáramos sobre este hecho hasta que logremos algún grado de entendimiento de lo que significa en realidad, la mayoría de nuestras dificultades y dolencias físicas desaparecerían, ya que están arraigadas y basadas en el miedo.  Si tan sólo pudiéramos caer en cuenta, de alguna manera, de que la Sabiduría Omnipotente es tu amoroso Padre viviente, la mayoría de nuestros temores se irían. 

El Padre Nuestro no dice “Padre Mío”, sino “Padre Nuestro” indicando más allá de todo error posible, la verdad de la hermandad del hombre. Esto fuerza sobre nuestra atención desde un principio el hecho de que todos los hombres, sin duda, son familia, la prole de un mismo Padre; y que; “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28)

 

QUÉ ESTÁS EN EL CIELO

 

Habiendo establecido claramente la paternidad de Dios y la hermandad del hombre, Jesús procede entonces a explayarse sobre la naturaleza de Dios y a describir los hechos fundamentales de la existencia.  La naturaleza de Dios es estar en el cielo, y la del hombre, estar en la tierra, ya que dios es la Causa y el hombre, la manifestación.

Aquí la palabra “cielo” quiere decir Dios o Causa, porque en la fraseología religiosa “cielo” es el término que se adjudica a la Presencia de Dios.  La palabra “tierra” significa manifestación, y la función del hombre es manifestar o expresar a Dios, o la Causa.  Dicho de otro modo, Dios es la Causa Infinita y Perfecta de todas las cosas, pero la Causa tiene que ser expresada, y Dios se expresa a Sí mismo por conducto del hombre.   El destino del hombre es expresar a Dios en toda clase de gloriosas y bellas maneras.  “Expresar” quiere decir presionar hacia fuera, o traer a la vista aquello que existe implícitamente.  Todo rasgo de tu vida es en realidad una manifestación o expresión de algo en tu alma.

 

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

 

Si investigamos la derivación de la palabra “santificar”, nos veremos con un hecho interesante y significativo.  Dicha palabra tiene la misma raíz que “santo”, “entero”, “integral”, “sanación” o “sanado”; de manera que vemos que la naturaleza de Dios es completa y perfecta, totalmente buena.  De este hecho derivan algunas consecuencias muy notables. 

Un efecto tiene que ser similar en naturaleza a su causa, de manera que en vista de que la naturaleza de Dios es santificada, todo lo que se desprenda de dicha Causa también tiene que ser santificado o perfecto.  Dios no puede, como alguna gente piensa, enviar enfermedad o problemas o accidentes, y mucho menos la muerte, ya que estas cosas son opuestas a Su naturaleza.  “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio”.  (Habacuc 1:13)

 

VENGA TU REINO

 

Al ser el hombre manifestación o expresión de Dios, tiene ante sí un destino ilimitado.  Su trabajo consiste en expresar en forma concreta y definida las ideas abstractas que Dios le suministra; y a fin de hacer esto, tiene que tener poder creativo.  Si no lo tuviera, sería meramente una máquina a través de la cual trabajaría Dios como si fuera un autómata.  Pero el hombre, al tener la naturaleza de su padre, sigue siendo un creador.

Observemos que la palabra “individual” significa indiviso.  La consciencia del hombre no está separada de la de Dios.  “Venga a nosotros Tu reino” quiere decir que es nuestro deber traer más y más de las ideas de Dios a su manifestación concreta en este plano.  Para eso estamos aquí.  El viejo refrán dice: “Dios tiene un plan para cada hombre, y tiene uno para ti” es totalmente correcto.  Si tan sólo determináramos lo que Dios pretende que hagamos, y lo hiciéramos, encontraríamos que todas las puertas se abrirían y seríamos gloriosamente felices.   En la vida todos tenemos nuestro respectivo Lugar Verdadero en el que podemos traer a la manifestación el Reino de Dios, y decir en verdad “venga a nosotros Tu reino”.

 

HÁGASE TU VOLUNTAD

 

“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”.  Son demasiadas las veces que escogemos utilizar nuestro libre albedrío de manera negativa.  Nos permitimos pensar equivocadamente, egoístamente, y este pensar equivocado hace que nos vengan problemas.

En vez de entender que nuestra naturaleza esencial es la de expresar a Dios, de encargarnos de los asuntos del Padre, tratamos de dirigir por cuenta propia.  Abusamos de nuestro “libre albedrío”, tratando de trabajar separados de Dios; y el resultado de esto es la enfermedad, la pobreza, el pecado, problemas y la muerte con que nos encontramos en el plano físico.

Ni siquiera por un momento debemos tratar de vivir por cuenta propia, de hacer planes o arreglos sin hacer referencia a Dios, o suponer que podemos ser felices y exitosos si buscamos otro fin que no sea el de hacer Su Voluntad.

“En su voluntad está nuestra paz”, dijo Dante, y la Divina Comedia es realidad, un estudio de los estados fundamentales de consciencia, en que el Infierno representa el estado del alma que se esfuerza en vivir sin Dios, y el Paraíso, el estado del alma que ha logrado su unidad consciente con la Voluntad Divina.  Fue este sublime conflicto del alma lo que arrebató del corazón del gran San Agustín el clamor de: “Tú nos ha hecho para Ti, y nuestros corazones estarán inquietos hasta que descansen en Ti”.

 

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

 

El pan nuestro de cada día dánoslo hoy.  En vista de que somos los hijos de un Padre amoroso, tenemos derecho a esperar que Dios nos provea plenamente de todo lo que necesitemos.  Si así lo hacemos, con fe y entendimiento, nunca acudiremos en vano.  Es la Voluntad de Dios que todos vivamos vidas saludables y felices, llenas de experiencias gozosas; que nos desarrollemos libre y continuamente.

Para este propósito, requerimos cosas tales como alimento, vestido, refugio, medios de locomoción, libros, etc. y, por encima de todo requerimos libertad.  En el Padre Nuestro todas estas cosas están incluidas bajo el título de “pan”, y no se refiere meramente al alimento en general, sino a todo aquello que el hombre requiera para una vida saludable, feliz, libre y armoniosa.  Pero a fin de obtener estas cosas, tenemos que demandarlas, y reconocer a Dios, y sólo a Dios, como a la fuente y manantial de todo nuestro bien.  La carencia de lo que sea, siempre tiene su origen en el hecho de que hemos estado buscando nuestro suministro en una fuente secundaria en vez de Dios en persona, que es el autor y dador de vida.

La gente piensa que su suministro viene de ciertas inversiones, o de un negocio, o de un empleo quizás; mientras que en realidad estos son meramente los canales a través de los cuales viene, siendo Dios la Fuente.  Es seguro que cambie el canal en particular a través del cual estás recibiendo tu suministro, ya que el cambio es la Ley Cósmica de la manifestación.  El estancamiento es, de hecho, la muerte; pero siempre y cuando te des cuenta de que la Fuente de tu suministro es el Espíritu Uno inmutable, todo estará bien.  Cuando un canal se cierra es la señal para que otro se abra.

En su más importante significado íntimo, “nuestro pan de cada día” significa la realización de la Presencia de Dios,  en un sentido en sí de que Dios existe, no meramente de manera nominal, sino como La Gran Realidad; de que podemos depender de Él para que cuide de nosotros; que nos enseña todo lo que necesitamos saber y que guía nuestros pasos para que no incurramos en errores.  Éste es Emmanuel, o Dios con nosotros. “Dios te suplirá todo lo que te falta”. (Filipenses 4:19)

Un error común es suponer que un reconocimiento formal de Dios es suficiente, o que hablar de cosas divinas es lo mismo que tenerlas; pero esto es exactamente lo mismo que suponer que mirar una bandeja, es lo mismo que sentarse a comer.  Este es el error responsable del hecho de que a veces la gente ora pidiendo algo durante años sin lograr ningún resultado tangible.  Si la oración es una fuerza, es imposible de orar sin que algo pase.  Oremos regular y tranquilamente, recordando que en todo trabajo mental, el esfuerzo o presión se derrota a sí mismo; luego, cuando menos lo esperemos, llegará la realización.

Otra razón de por qué el símbolo de la comida para la experiencia de la Presencia de Dios nos dice tanto, es que el acto de ingerir alimentos es esencialmente algo que uno tiene que hacer por sí mismo.  Nadie puede asimilar los alimentos por otro. De la misma manera, nadie puede lograr por otro la realización de la Presencia de Dios.

 

PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS

 

“Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.  Esta frase es el punto central del Padre Nuestro, la clave estratégica ya que habiéndonos dicho lo que Dios es, lo que el hombre es, cómo trabaja el Universo, cómo debemos realizar nuestra labor, cuál es nuestro verdadero alimento, así como la forma de obtenerle, llega entonces el perdón de los pecados.

Tenemos que perdonar a todo el mundo; notemos que Jesús no dice: “perdóname por mis ofensas y yo perdonaré a otros”. Nos obliga a declarar que ya hemos hemos perdonado de hecho y hace que nuestra demanda por perdón dependa de eso.  No creo que haya nadie tan loco como para tratar de esforzarse en buscar el Reino de Dios sin desear ser perdonado de su propio sentimiento de culpa.   Estamos atrapados en la posición ineludible de que no podemos demandar nuestra propia liberación antes de que hayamos liberado a nuestro hermano.  “Como quieras que actúen los hombres contigo, igualmente actúa tú con ellos”. (Lucas 6:31)

El perdonar a otros nos pone en la puerta del Cielo.  Tenemos que deshacernos de todo resentimiento y condenación a otros, e igualmente de toda auto-condenación y remordimiento.  Tenemos perdonarnos a nosotros mismos, pero no podremos hacerlo hasta que no hayamos perdonado a otros primero.

Por supuesto, nada en el mundo sería más fácil que perdonar a las personas que no nos han hecho mucho daño.  Pero la Ley del Ser requiere de nosotros que perdonemos, no solamente estas frivolidades, sino justamente esas cosas que son tan difíciles de perdonar que al principio parece imposible hacerlo. Pero el Padre Nuestro hace que nuestro propio escape de culpa y limitación dependa justamente de esto.

Si nuestras oraciones no están siendo respondidas, busquemos en nuestra conciencia y veamos si no hay alguna circunstancia vieja por allí que nos haga creer resentidos.  Busquemos y veamos si en realidad no estamos cultivando aversión contra algún individuo o grupo de personas.  Si éste es el caso, entonces tenemos que llevar a cabo un acto de perdón, y cuando lo hayamos hecho, probablemente tengamos una manifestación.  Si al presente no podemos perdonar, nuestro milagro no ocurrirá hasta que podamos hacerlo, e igualmente tendremos que posponer la conclusión del enunciado del Padre Nuestro.  Si perdonamos a los hombres sus ofensas, Dios nos perdonará a nosotros.  Liberar a otros, trae consecuencia liberarse uno mismo, porque el resentimiento es una forma de atadura.  Es una verdad cósmica que se requieren dos personas para hacer un prisionero: el prisionero y el carcelero.  No existe eso de ser un prisionero por cuenta propia.  Cuando se mantiene un resentimiento contra alguien, se está vinculando a dicha persona por una cadena mental.  Se está unido por un vínculo cósmico a lo que más se odia. 

Justamente esa persona que, quizás en el mundo entero es la que más nos disgusta, es con quien estamos conectando por medio de un gancho que es más fuerte que el acero.  Recordemos, que pertenecemos a aquello con lo que nos vinculamos en pensamiento; y en algún momento u otro, si dicho eslabón perdura, el objeto de nuestro resentimiento regresará a nuestra vida, quizás para causar más estragos.  Nadie puede darse el lujo de esto, por lo que tenemos que cortar de plano todos los nexos de esta índole, mediante un acto claro de perdón.  Tenemos que soltarlo y dejarlo ir.   Mediante el perdón nos liberamos a nosotros mismos y salvamos nuestra propia alma.  Y, en vista de que la Ley del Amor trabaja de igual manera para todos, ayudamos a salvarle el alma al otro también.

La técnica del perdón es bien sencilla de poner en práctica, cuando entendemos cómo hacerlo.  Lo único que es esencial es estar dispuesto a perdonar.  Con tal que tengas el deseo de perdonar al que te ha agraviado, la mayor parte del trabajo ya se habrá consumado.

El método de perdonar puede ser el siguiente:  Apartémonos del mundanal ruido y aquietémonos.  Repitamos cualquier oración o leamos un capítulo de la Biblia.  Entonces, decimos calmadamente: “Yo, con la plenitud de mi libertad, perdono a (mencionando a la persona); lo suelto y lo dejo ir.  Los dos quedamos libres, el Cristo nos ha liberado porque le entrego esto a mi Cristo Interno.  Gracias Padre.”

Bajo ninguna circunstancia habremos de repetir este acto de perdón, porque lo que hemos hecho de una vez por todas, y hacerlo una segunda vez sería repudiar tácitamente nuestro propio trabajo.  Después, cuando la memoria del ofensor o de la ofensa vuelva a presentarse en nuestra mente, bendecimos brevemente a la otra persona y desechamos el pensamiento.  Hagamos tantas veces como regrese el pensamiento a nuestra mente.  Encontraremos así que toda la amargura y resentimiento han desaparecido, y que en ambos son libres con la perfecta liberación de los hijos de Dios.  Tu perdón está completo.

 

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN

 

No nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal”  La gente piadosa siente que Dios no podría dejar caer a nadie en la tentación, y que Jesús no puede haber dicho lo que parecía que había dicho, por lo que dieron a la búsqueda de otra frase que estuviera más acorde con el tono general de su enseñanza.  Sin embargo, todo esto es innecesario.

Los hechos son estos: mientras más oras, más sensible nos ponemos, y tanto más poderosas son las mismas.  Pero también nos hacemos susceptibles a formas de tentación que simplemente no acosan a los que están en una etapa inicial.   Tentaciones sutiles y poderosas están a la espera; tentaciones de trabajar por la gloria propia, por honores personales y distinciones; tentaciones de permitir que las preferencias personales se impongan a la imparcialidad.   Más allá y por encima de todas otras tentaciones está el pecado mortal del orgullo espiritual.  Muchos de los que han superado las otras pruebas, se han resbalado ante una condición de vanagloria de la virtud propia que se ha precipitado como una cortina de acero entre ellos y Dios.

 

TUYO ES EL REINO

 

“Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por siempre, Señor”. Esta maravillosa sentencia resume la verdad esencial de la Omnipresencia y la Omnipotencia de Dios.  

Sabemos que Dios es el único poder, cuando trabajamos es realmente Dios quien lo hace a través de nosotros.  Así como el pianista produce su música por medio de sus dedos, de la misma manera puede pensarse que la humanidad es como los dedos de Dios.  Suyo es el Poder.  Si cuando tienes algo que hacer sostienes el pensamiento de que es realmente la Divina Inteligencia la que está trabajando a través de ti, realizarías las tareas más difíciles.

El cambio maravilloso que recae sobre nosotros a medida que vamos gradualmente realizando lo que realmente significa la Omnipresencia de Dios, transfigurará toda fase de nuestras vidas, convirtiendo el pesar en júbilo, la edad en juventud, y la opacidad en vida y luz. ¡Esta es la Gloria!

Queridas Hermanas y Hermanos:

 

Que las Rosas Florezcan en Vuestra Cruz

 

 

por Miguel Achucarrro,

Mayo de 2007