Fraternidad Rosacruz del Paraguay
Asociación Internacional de Cristianos Místicos

 

 

 Poesía

 

SEMBRANDO

 

                                                                                              M. R. BLANCO BELMONTE

 

De aquel rincón bañado por los fulgores

Del sol que nuestro cielo triunfante llena;

De la florida tierra donde entre flores

Se deslizó mi infancia dulce y serena;

Envuelto en los recuerdo de mi pasado,

Borroso cual lo lejos del horizonte,

Guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,

Del sembrador más raro que hubo en el monte.

 

                Aún no sé si era sabio, loco o prudente

                Aquel hombre que humilde traje vestía;

                Sólo sé que al mirarle, toda la gente

                Con profundo respeto se descubría.

                Y es que acaso su gesto severo y noble

                A todos asombraba por lo arrogante:

                Hasta los leñadores mirando al roble

                Sienten las majestades de lo arrogante;

 

Una tarde de otoño subí a la sierra

Y al Sembrador, sembrando, miré risueño:

Desde que existen hombres sobre al tierra

Nunca se ha trabajado con tanto empeño;

 

                Quise saber, curioso, lo que el demente

                Sembrador hacía en la montaña sola y bravía;

                El infeliz oyóme benignamente

                Y me dijo con honda melancolía

 

Siembro robles y pinos y socimoros;

Quiero llenar de frondas esta ladera

Quiero que otros disfruten de los tesoros

Que darán estas plantas cuando yo muera.

 

                Por qué tantos afanes en la jornada

                Sin buscar recompensa? – dije. Y el loco

                Murmuró con las manos sobre la azada:

                Acaso tú imaginas que me equivoco;

                Acaso por ser niño, te asombre mucho

                El soberano impulso que mi alma enciende

                Por los que no trabajan, trabajo y lucho

                Si el mundo no lo sabe, Dios me comprende!

 

Hoy es el egoísmo torpe maestro

A quien rendimos cultos de varios modos:

Si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro de cada día

Nunca el cielo pedimos pan para otros!

 

                En la propia miseria los ojos fijos,

                Buscamos las riquezas que nos convienen

                Y todo lo arrastramos por nuestros hijos.

                Es que los demás padres hijos no tienen?...

 

Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre

Y, en las guerras brutales con sed de robo,

Hay siempre un fratricida dentro del hombre,

Y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

 

                Por eso cuando al mundo, triste contemplo

                Yo me afano y me impongo ruda tarea.

                Y sé que vale mucho mi pobre ejemplo

                Aunque pobre y humilde parezca y sea.

 

Hay que luchar por los que no luchan!

Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!

Hay que llorar por todos los que no lloran!

Hay que ser cual abejas que en la colmena

Fabrican para todos dulces panales.

Hay que ser como el agua que va serena

Brindando al mundo entero frescos raudales.

Hay que imitar al viento, que siembra flores

Lo mismo en la montaña que en la llanura;

Y hay que vivir la vida sembrando amores,

Con la vista y el alma siempre en la altura.

 

                Dijo el loco, y con noble melancolía

                Por las breñas del monte siguió trepando

                Hay que vivir sembrando! Siempre sembrando!

                Y al perderse en las sombras, aún repetía...

                Siempre sembrando.